Mediante el uso de materiales de la misma área afectada, los estudiantes de la Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo (UNSAM), devolvieron la presencia de especies animales y vegetales en el terreno que sirvió como relave mi- nero en Mesapata, ubicado dentro del humedal de Yanayacu, en el distrito de Cátac (Recuay, Ancash).

 Durante dos décadas funcionaba en el relave de Mesapata una trituradora donde los mineros artesanales enviaban las rocas de cobre, plata, zinc y plomo. Los desechos se quedaban en el lugar, afectando las fuentes de agua y la salud de los pobladores dedicados a la agricultura. Parecía que no había remedio y que la contaminación continuaría indefinidamente.

Sin embargo, un grupo de 15 estudiantes de la facultad de Ciencias del Ambiente de la Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo, ubicada en Huaraz, Áncash, han conseguido aplicar una exitosa estrategia para remediar el daño de los Pasivos Ambientales Mineros (PAM), como el relave de Mesapata.

Para revertir el daño ecológico, los estudiantes inventaron el sistema que denominaron Biorremediación de Drenajes Ácidos de Mina (BIODAM), diseñado para superar los pasivos ambientales derivados de las actividades mineras.

Con el apoyo de la comunidad de Cátac, los universitarios aplicaron la estrategia del BIODAM en el re- lave de Mesapata y alcanzaron un éxito extraordinario. En primer lugar, construyeron muro con llantas en desuso en la zona norte del relave para cercarlo y así evitar que con la lluvia los minerales pesados sean arrastrados hacia el humedal de Yanayacu y alcance las aguas del río Santa.

 “A simple vista el agua no tiene sólidos, pero sí contiene metales pesados. Incorporamos al drenaje la enzima que hace que los metales disueltos se precipiten en forma sólida. El catalizador que se usa es biológico y no presenta un riesgo a la salud. Esto ayuda en el proceso de purificación donde los metales reaccionan y se empiezan a separar del agua”, dijo el universitario Rodolfo Flores García, quien es parte del proyecto. El proceso posterior al sedimentador es que el agua pase a un humedal para que termine su tratamiento.

El humedal está compuesto por plantas altoandinas, preferentemente totora, cuyas raíces inmovilizan los metales pesados restantes, filtrándolos y recuperando la calidad del agua hasta en un 99%. Es decir, lo suficientemente útil para el uso agrícola y el ganado. “Los totorales son como esponjas que retienen el agua de la lluvia, y como tienen raíces bastante saturadas, toleran concentraciones altas de metales pesados y actúan como un filtro, por lo que recuperan la calidad del agua. Áncash tiene humedades altoandinas, pero se están secando. Debemos recuperar estos humedales para tener agua de mejor calidad”, expresa el biólogo Julio Palomino Cadenas, profesor de la facultad de Ciencias del Ambiente de la UNSAM, quien lidera el proyecto BIODAM.

DATOS:

-En Áncash existen 1.051 pasivos ambientales mineros, el más extenso es el de Ticapampa, con cerca de kilómetro y medio de extensión. Sus residuos provienen de operaciones mineras que ha sido abandona- das a la intemperie en los años 80. Este se encuentra ubica- do entre la margen del río Santa y la carretera nacional Catac-Recuay.

-En época de lluvia, el relave minero es arrastrado al río Santa cuya agua es utilizada en cultivos, lo que a su vez alimenta al ganado y personas. De acuerdo a la evaluación realiza- da por la Dirección Regional de Salud (DIRESA), la calidad de los recursos hídricos de Áncash fluctúa entre malo y pésimo, debido a la presencia de parámetros críticos en arsénico, cadmio, hierro, manganeso, plomo y coliformes.

-Estudios realizados por la UNASAM han determinado que incluso la leche fresca del ganado local contiene minerales dañinos para la salud, debido a que los animales se alimentan con pasto regado con aguas de lluvia contaminada por los Pasivos AMbientales Mineros (PAM), así mismo el agua que consume la población también está contaminada, lo que agrava el cuadro de anemia en la región.