Valle del Colca, Callejón de Huaylas, Lago Titicaca, Valle Sagrado, Granja Porcón, Nor Yauyos Cochas
El turismo rural comunitario es una forma novedosa de viajar y conocer el Perú, a través de experiencias en las que los viajeros pasan por una vivencia real, satisfactoria y memorable de las distintas culturas que componen el Perú. Estas no solo aportan sentido y valor al viaje, sino que también enriquecen la perspectiva de los visitantes y les permiten conectarse con distintas realidades que se viven en el Perú.
En este tipo de viajes, todo está a cargo de la propia comunidad. De este modo, tiene la oportunidad de generar ingresos complementarios a sus actividades económicas diarias, así como defender y revalorizar sus recursos culturales y naturales.
El objetivo de esta modalidad de turismo no es solamente crear experiencias distintas para los viajeros, sino también contribuir al desarrollo de un turismo sostenible. Asimismo, aporta de manera muy importante a mejorar la economía y las condiciones de vida de las poblaciones locales que preservan los tesoros milenarios que el Perú tiene para ofrecer al mundo.
Existen muchas actividades organizadas por la propia comunidad en las que los viajeros pueden sentirse parte. Compartir por un tiempo las actividades diarias de las comunidades rurales, agrícolas, ganaderas y pesqueras, así como conocer sus formas peculiares de apreciar la vida, relacionarse con su entorno natural y sus costumbres, todo lo cual enriquece y amplía significativamente la perspectiva de los visitantes sobre la cultura en otras latitudes del mundo.
El turismo comunitario permite formar parte de la comunidad y compartir lo más esencial de su cultura por al menos un día. Gracias al turismo comunitario, los viajeros experimentan vivencias únicas e inolvidables sobre la diversidad cultural del Perú.
Los beneficios de este tipo de turismo son múltiples. En primer lugar, genera ingresos que llegan directamente a la comunidad, lo que impulsa su desarrollo, dado que las personas mejoran así su acceso a servicios básicos como la salud, educación y alimentación. Al mismo tiempo, la comunidad tiene la oportunidad de preservar su cultura y costumbres, protegiendo y cuidando de esta forma el entorno que la rodea.
Callejón de Huaylas
Uno de los paradisiacos destinos ideales para el turismo comunitario es el Callejón de Huaylas, en la región Áncash, un estrecho valle interandino de 180 kilómetros e imponente belleza paisajística entre las Cordilleras Blanca y Negra, donde existen localidades que albergan comunidades que atesoran costumbres y conocimientos ancestrales que comparten con cariño a los visitantes.
Ubicado a una hora y media en autopista desde la ciudad de Huaraz, el Callejón de Huaylas ofrece incontables escenarios naturales donde destacan picos nevados, lagunas de aguas color turquesa y floridos campos que superan cualquier expectativa.
En las ciudades de Caraz y Yungay, así como en los centros poblados cercanos a ellas se puede conocer a la población que se dedica a la textilería, la crianza de llamas y alpacas, la agricultura y que están dispuestas a compartir con los visitantes sus tradiciones que incluyen una suculenta gastronomía local. Luis Zuta Dávila.